"La prosperidad en la región está altamente fragmentada, con países repartidos en todos los niveles. La fortaleza económica por sí sola no explica las diferencias", resume el documento.
"Panamá y Uruguay presentan altos niveles de renta, mientras que Brasil y Argentina tienen perfiles similares, pero no se sitúan entre los niveles más altos. Por su parte, países como Costa Rica y Panamá destacan en gobernanza y empoderamiento social, pero siguen teniendo limitaciones en otros ámbitos", ha añadido.
El estudio evalúa 34 economías de la región en función de cuatro pilares: desafíos económicos; gobernanza e instituciones; dinámica gerencial; y empoderamiento social.
Así, se ha detectado que la debilidad en la gestión empresarial es el principal cuello de botella en la zona, dado que frena a países que presentan buenos resultados en términos institucionales o económicos.
Se han identificado tres patrones que explican el estancamiento de la prosperidad en Latinoamérica relacionados con modelos de crecimiento económico que carecen de credibilidad institucional (Brasil y México); con buena gobernanza, pero sin profundidad empresarial (Santa Lucía y Paraguay); o de mejoras en los ingresos, aunque sin inclusión social (Panamá).
Después, Haití y Venezuela se situaron entre las naciones con un peor desempeño general al verse lastradas por "fallos simultáneos" en los cuatro pilares.
Por otro lado, IMD ha apuntado a las posibilidades económicas que se abren para Latinoamérica a cuenta de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales fruto de las tensiones comerciales y geopolíticas.
"Si China termina desplazando cadenas de producción hacia América Latina para mitigar el impacto de los aranceles estadounidenses, las oportunidades industriales serán reales y significativas. Pero sin las condiciones adecuadas, la región corre el riesgo de desaprovechar completamente este momento", ha explicado el economista jefe de IMD World Competitiveness Center, José Caballero.