Uno de los datos más reveladores del estudio es que casi uno de cada cuatro jóvenes (24 %) sitúa el buen ambiente laboral y la cohesión del equipo como el principal factor del llamado “salario emocional” para permanecer en una empresa. Este dato pone de manifiesto que, para una parte significativa de la Generación Z, el clima laboral se convierte en una auténtica línea roja a la hora de decidir si continuar o no en una organización.
Un cambio de prioridades: más flexibilidad y bienestar
Aunque el salario sigue siendo un elemento relevante para la Generación Z, ya no ocupa el lugar central que tenía para generaciones anteriores. De hecho, solo el 41,7 % de los jóvenes lo sitúa como la principal prioridad para sentirse satisfecho en su empresa, siendo el grupo generacional que menos lo prioriza frente al resto.
En cambio, la flexibilidad laboral gana peso entre los profesionales más jóvenes. Un 17,3 % la señala como su principal prioridad, más que en cualquier otra generación, lo que confirma que los modelos de trabajo más adaptables se han convertido en uno de los grandes atractivos para este colectivo.
Esta tendencia también se refleja en su realidad laboral. La Generación Z es la que más acceso tiene a modalidades de trabajo flexibles, con un 31 % que afirma contar con flexibilidad total y un 34,5 % que trabaja en modelos parcialmente flexibles. En conjunto, casi dos de cada tres jóvenes desarrollan su actividad en entornos laborales con algún grado de flexibilidad, el porcentaje más alto entre todas las generaciones analizadas en el estudio de Edenred.
Además, este tipo de modelos tiene un impacto directo en su compromiso con el trabajo. Más de la mitad (56,3 %) asegura que la flexibilidad aumenta significativamente su motivación y rendimiento, lo que refuerza el papel de estas políticas como herramienta para mejorar el bienestar y el desempeño profesional.
Sin embargo, el factor que más condiciona su equilibrio entre vida personal y profesional es la distancia al trabajo. El 70,1 % de los jóvenes considera que el desplazamiento supone una barrera para su vida personal, el porcentaje más alto entre todas las generaciones analizadas. Este dato vuelve a evidenciar la importancia que la Generación Z otorga a modelos laborales más flexibles, que faciliten el teletrabajo o permitan contar con horarios más adaptables.
Beneficios prácticos frente a incentivos a largo plazo
Las preferencias de esta generación también reflejan un cambio en el tipo de beneficios que esperan de las empresas. Frente a incentivos tradicionales asociados al largo plazo, los jóvenes muestran una clara preferencia por beneficios vinculados al bienestar cotidiano y a la calidad de vida laboral.
Entre ellos destacan el apoyo al transporte o la movilidad (34,1 %), la cobertura de seguro médico (30,1 %) y los servicios de bienestar como yoga, fisioterapia o nutrición (29,6 %). Este tipo de beneficios, cada vez más presentes en programas de retribución flexible, como los que impulsa Edenred, responden a demandas cada vez más vinculadas al día a día laboral. Por el contrario, los beneficios vinculados al largo plazo apenas despiertan interés entre los jóvenes: solo el 1,2 % considera prioritarias las ayudas relacionadas con planes de pensiones o seguros de vida.
La conciliación también forma parte de las prioridades laborales de esta generación. Para el 49,5 % de los jóvenes es un factor determinante a la hora de escoger o permanecer en una empresa, mientras que para otro 43,7 % es importante, aunque no decisivo.
En este contexto, los datos apuntan a un cambio generacional en la forma de entender el empleo. Para la Generación Z, el trabajo ya no se mide únicamente en términos de salario: el ambiente laboral, la flexibilidad, el bienestar y los beneficios que impactan en la vida diaria se han convertido en factores determinantes para decidir dónde trabajar y cuánto tiempo quedarse.