Pero, más allá del deporte, el Mundial 2026 podría convertirse en el mayor laboratorio global de sostenibilidad, inteligencia artificial, resiliencia climática y gestión de riesgos visto hasta ahora en un megaevento internacional. Así lo advierte Sergi Simón, asesor académico de EALDE Business School, quien considera que esta edición estará condicionada por “cuatro grandes tensiones del siglo XXI: cambio climático, hiperconectividad digital, inseguridad geopolítica y vulnerabilidad energética”.
“El Mundial 2026 no será solo fútbol. Será también clima, datos, energía, ciberseguridad y geopolítica. Posiblemente sea el primer gran evento deportivo plenamente condicionado por los grandes riesgos sistémicos globales”, señala Sergi Simón.
EL TORNEO CON MAYOR HUELLA DE CARBONO DE LA HISTORIA
El aumento del número de selecciones, sedes y desplazamientos multiplica también la complejidad operativa y la exposición climática del torneo. Diversos análisis ya estiman que el Mundial 2026 podría superar los 9 millones de toneladas de CO₂, convirtiéndose en la competición con mayor huella de carbono celebrada hasta la fecha.
“Más grande también significa más vulnerable. Más equipos implican más vuelos, más logística, más consumo energético y más exposición operativa. Ahí aparece la gran paradoja de que, mientras el deporte intenta avanzar hacia modelos más sostenibles, los megaeventos internacionales siguen creciendo a un ritmo que tensiona los límites climáticos y urbanos”, explica el asesor académico de EALDE Business School.
EL CALOR EXTREMO ENTRA DEFINITIVAMENTE EN EL TERRENO DE JUEGO
Uno de los principales riesgos identificados para el torneo será el impacto del calor extremo sobre jugadores, aficionados e infraestructuras. Informes recientes alertan de que varias sedes podrían registrar episodios de estrés térmico potencialmente peligrosos, especialmente en ciudades como Miami, Dallas, Houston o Monterrey.
El contexto obliga ya a replantear cuestiones que hace pocos años parecían impensables como partidos en horarios nocturnos, adaptación de calendarios deportivos o, incluso, la sostenibilidad de ciertas competiciones durante los meses de verano. “El deporte empieza a descubrir algo que sectores como la energía, la banca o el seguro llevan años gestionando, que es como el cambio climático ha dejado de ser un problema reputacional futuro para convertirse en un riesgo económico y operativo directo”, afirma Sergi Simón.
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL SERÁ LA GRAN PROTAGONISTA INVISIBLE
El Mundial 2026 también marcará un punto de inflexión en el uso masivo de inteligencia artificial aplicada al deporte y a la gestión de infraestructuras críticas. La FIFA ya ha anunciado herramientas basadas en IA para análisis táctico, arbitraje avanzado, generación de modelos 3D de jugadores y sistemas automatizados de apoyo a decisiones. La tecnología permitirá procesar millones de datos en tiempo real para analizar rendimiento deportivo, optimizar operaciones y mejorar la experiencia del espectador. “Pero la IA irá mucho más allá del terreno de juego”, advierte el experto de EALDE Business School.
Los organizadores prevén un despliegue masivo de sistemas de videovigilancia inteligente, análisis predictivo de multitudes, reconocimiento de patrones y monitorización de amenazas digitales y físicas. “En cierto modo, este Mundial funcionará como una demostración global de cómo la inteligencia artificial empieza a integrarse en la gestión de eventos masivos e infraestructuras críticas”, señala Sergi Simón.
UN MUNDIAL MARCADO POR LA CIBERSEGURIDAD Y LAS AMENAZAS HÍBRIDAS
La dimensión del torneo y su impacto mediático mundial convierten automáticamente al Mundial 2026 en un objetivo prioritario de seguridad internacional. Estados Unidos ya ha activado estructuras específicas de coordinación antiterrorista e inteligencia para el evento, incluyendo equipos especializados en amenazas híbridas, ciberseguridad, drones y crimen organizado.
El torneo se celebrará además en un contexto internacional especialmente complejo, marcado por conflictos geopolíticos abiertos, polarización política, desinformación digital y tensiones migratorias. Por ello, la seguridad dejará de limitarse a controles físicos y presencia policial para incorporar vigilancia aérea anti-drones, inteligencia en tiempo real, monitorización de redes sociales y coordinación multinacional permanente.
“El Mundial 2026 podría convertirse en uno de los eventos más securizados de la historia moderna. La seguridad ya no se juega solo en los estadios: también se juega en los datos, en las redes y en la capacidad de anticipación”, apunta el asesor académico de EALDE Business School.
LA ENERGÍA PASA A SER UN FACTOR ESTRATÉGICO
Otro de los grandes desafíos será la enorme dependencia energética de un evento hiperconectado y digitalizado. Estadios, retransmisiones, centros de datos, telecomunicaciones, climatización, movilidad y sistemas de seguridad requerirán un suministro eléctrico continuo y extremadamente robusto. Todo ello ocurre, además, en un contexto global de fuerte presión sobre las redes eléctricas y crecimiento acelerado de la demanda energética vinculada a centros de datos e inteligencia artificial.
“Muchas sedes están acelerando inversiones en resiliencia energética, sistemas de respaldo y digitalización de redes. El verdadero riesgo ya no es solo quedarse sin luz en un estadio. Es que la hiperdependencia tecnológica convierta cualquier fallo energético en una crisis operativa global instantánea”, matiza Sergi Simón.
EL MUNDIAL COMO ESPEJO DE LAS TENSIONES DEL SIGLO XXI
La FIFA prevé ingresos récord cercanos a los 13.000 millones de dólares en el ciclo 2022-2026. Sin embargo, para los expertos, el verdadero alcance del torneo irá mucho más allá del impacto económico. “El Mundial 2026 mostrará como nunca que sostenibilidad, inteligencia artificial y gestión de riesgos ya no son conversaciones separadas. Forman parte del mismo tablero estratégico. Este torneo será un espejo del siglo XXI. Reflejará simultáneamente nuestras capacidades tecnológicas y nuestras vulnerabilidades globales”, destaca Sergi Simón.
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