El coste medio de un ciberataque en España ya supera los 200.000 euros para una pyme

ERNI España reclama un cambio de enfoque en las organizaciones: “La ciberseguridad ya no es un lujo, es el mínimo necesario para seguir jugando. Y en sectores como la salud o la educación, protegerse no es solo una obligación legal o económica, es una cuestión de responsabilidad social que puede llegar a salvar vidas”.

Cuanto más digitalizado está un producto, más vulnerable es a los hackers. Normativas como el RGPD, la NIS2 o el Cyber Resilience Act obligan a las organizaciones a ir más allá de sus propios sistemas y garantizar la seguridad en toda la cadena de suministro. “La pérdida de confianza, el daño reputacional, la fuga de talento o las sanciones legales son efectos difíciles de revertir”.

En un contexto de creciente digitalización en todos los sectores, desde la banca hasta la sanidad, pasando por la industria o el comercio, ERNI España, filial española de la multinacional suiza de ingeniería de software, advierte del riesgo real de que los avances tecnológicos se conviertan en una trampa si no van acompañados de una estrategia de ciberseguridad sólida. “Cada innovación abre una nueva puerta a posibles atacantes. Esto ya no es una hipótesis: es una realidad que estamos viviendo cada día”, afirma David Soto, consultor IT especializado en Ciberseguridad en ERNI España.

La compañía tecnológica subraya que la automatización de procesos, la integración de inteligencia artificial o el despliegue masivo de dispositivos conectados (IoT) han multiplicado los puntos vulnerables de los sistemas. “Cada línea de código, cada API pública o cada dispositivo es una superficie de ataque. Más digitalización implica, inevitablemente, más riesgo si no se acompaña de medidas de protección adecuadas”, señala Soto. El problema, añade, es que muchas organizaciones siguen actuando solo cuando el daño ya está hecho.

ERNI España destaca que el impacto económico de los ciberataques es especialmente grave para las pequeñas y medianas empresas, que carecen de equipos propios de ciberseguridad. El coste medio de un ataque en Europa ya supera los 200.000 euros para una pyme. Pero más allá del impacto financiero directo, Soto alerta de las consecuencias a largo plazo: “La pérdida de confianza, el daño reputacional, la fuga de talento o las sanciones legales son efectos difíciles de revertir”.

Desde ERNI insisten en que la ciberseguridad debe dejar de verse como un obstáculo o un gasto innecesario. “Invertir en seguridad no solo evita pérdidas: permite avanzar con garantías, genera ventaja competitiva y construye relaciones de confianza con clientes y partners. En sectores como la salud o la educación, protegerse no es solo una obligación legal o económica, es una cuestión de responsabilidad social que puede llegar a salvar vidas”, explica el experto.

A este reto se suma la creciente presión regulatoria. Normativas como el RGPD, la NIS2 o el Cyber Resilience Act obligan a las organizaciones a ir más allá de sus propios sistemas y garantizar la seguridad en toda la cadena de suministro. “La ciberseguridad ya no es un compartimento estanco de IT: es un ecosistema. Si un proveedor cae, toda la estructura puede verse comprometida”, advierte Soto.

Finalmente, desde ERNI España se aboga por un enfoque proactivo y realista. “Los atacantes ya utilizan IA, automatización y técnicas cada vez más avanzadas. La única forma de ir un paso por delante es simular ataques reales, hacer auditorías ofensivas y aprender de los propios fallos antes de que lo hagan otros”, concluye Soto. “La transformación digital es imparable, pero solo será sostenible si se construye sobre cimientos seguros”.

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