Desde su enfoque, el eje no está en corregir comportamientos aislados, sino en revisar cómo los adultos acompañan emocionalmente a los chicos. “Si seguimos mirando solo lo que se ve, vamos a seguir llegando tarde”, sostiene la especialista.
Uno de los principales desafíos, según Krochik, es correrse del lugar de juicio. “Cuando aparece el juicio, la empatía se corta. Y cuando la empatía se corta, aparece el conflicto”, explica.
En situaciones de bullying, esto se traduce en una tendencia a tomar partido rápidamente, víctima o victimario, en lugar de comprender a ambos. “El bullying no necesita adultos que elijan. Necesita adultos que puedan ver, sin juicio”, agrega.
Lejos de ser un concepto teórico, la empatía se construye en la experiencia cotidiana. “No es algo que un chico aprende porque se lo explicamos. La empatía se vive, se respira, se transmite”, señala.
Esto implica un cambio profundo en la crianza: los chicos no aprenden empatía cuando se les dice “ponete en el lugar del otro”, sino cuando ellos mismos son comprendidos en sus emociones, incluso, y sobre todo, cuando incomodan. “Podemos empatizar con un hijo triste, pero nos cuesta mucho más cuando grita, pega o desafía. Ahí es donde más lo necesita”, afirma.
Krochik sugiere cinco claves para prevenir el bullying desde la crianza:
-Cambiar la pregunta: dejar de enfocarse en “¿qué hizo?” y empezar a preguntarse “¿qué le está pasando?”
-Mirar la necesidad detrás de la conducta: entender que muchas veces el comportamiento es la expresión de algo que el chico no puede gestionar.
-Hablar desde la necesidad y no desde la orden: reemplazar el mandato por mensajes que conecten con el impacto emocional.
-Validar sin justificar: reconocer lo que el chico siente sin avalar lo que hizo.
-Frenar antes de reaccionar: muchas veces, lo más empático no es intervenir de inmediato, sino observar y comprender.
Si bien la familia es el primer espacio de aprendizaje emocional, además subraya que la escuela también cumple un rol clave. No solo en la detección de situaciones, sino en la construcción de vínculos cotidianos. “El aprendizaje no pasa solo por contenidos, sino por cómo se vinculan los adultos con los chicos y cómo intervienen en los conflictos”, explica.
Para la especialista, hay un punto que suele quedar fuera de la conversación: el mundo interno de los adultos, donde sin auto empatía, no hay empatía posible.Esto implica preguntarse qué les pasa a los propios adultos frente al conflicto: si buscan comprender o simplemente corregir, si pueden sostener la incomodidad o necesitan que la situación termine rápido.
“Un niño que es comprendido no necesita lastimar para ser visto”, concluye.