Roland Berger prevé que la capacidad mundial alcance los 224 GW en 2030, tras crecer un 21% anual, con la IA ya en torno al 50% de la demanda de potencia. En ese horizonte de 2030, Europa pierde terreno, ya que su cuota de capacidad instalada descenderá del 13% al 10%, frente al 58% aproximado de Norteamérica.
Las necesidades de cómputo que exigen las nuevas generaciones de los grandes modelos de lenguaje, así como una velocidad de adopción sin precedentes de estas tecnologías, explican el desarrollo de los centros de datos. La inversión de los grandes operadores de nube, los hyperscalers, rozará los 750.000 millones de dólares en 2026, casi el doble que en 2025.
Roland Berger considera sólido el crecimiento a largo plazo de esta industria, aunque advierte de que el ritmo actual de inversión, por delante de los ingresos que genera hoy la IA, y la presión sobre el flujo de caja de algunos operadores introducen vulnerabilidades y hacen posible una moderación temporal.
“Los centros de datos de IA son infraestructuras muy intensivas en capital y con plazos largos de desarrollo, y quien invierte necesita reglas estables y tiempos de tramitación predecibles. El estudio muestra que las ayudas financieras no son un incentivo suficiente y que las decisiones de ubicación dependen en gran medida del marco regulatorio y del acceso a la red. Además de con Estados Unidos, se compite entre mercados europeos, por lo que tomarán ventaja los países que ofrezcan más previsibilidad”, señala Juan Luis Vílchez, senior partner de Roland Berger en Iberia.
Norteamérica aumenta su ventaja ante Europa
En 2025, Norteamérica contaba con 4.322 centros de datos, 4.032 de ellos en Estados Unidos, una cifra superior a la de Europa Occidental y Asia juntas. Su capacidad aumentará de 49 GW en 2025 a 130 GW en 2030. Europa, por su parte, pasará de unos 11 GW a unos 23 GW en ese periodo, es decir, se duplicará, pero lo hará a un ritmo anual del 15%, frente al 22% de Norteamérica y el 19% de China.
La brecha se aprecia también en los grandes proyectos. Entre los mayores desarrollos anunciados hasta la fecha, todos por encima del gigavatio, solo uno está fuera de Estados Unidos: el campus SINES, en Portugal, que prevé alcanzar unos 1,2 GW en 2030. El otro proyecto europeo más destacado, Cambois, en Reino Unido, está planificado en torno a los 700 megavatios.
A ello se suma que la actividad europea de IA se orienta sobre todo a la inferencia, con instalaciones más pequeñas, y no al entrenamiento de modelos de frontera, lo que limita la inversión que la región puede atraer de forma orgánica.
Siete años para conectar un centro de datos en Europa
El estudio identifica tres factores que explican por qué Europa se queda atrás, y los profesionales encuestados sitúan el acceso a la red eléctrica como la principal barrera. Conectar un nuevo centro de datos puede tardar hasta siete años en Europa, frente a entre uno y tres años en Estados Unidos, donde además los operadores recurren con frecuencia a la generación propia en el emplazamiento, una vía que las normas ambientales europeas impiden en gran medida.
El segundo freno es la energía. Un centro de datos de IA de un gigavatio consume tanta electricidad como una ciudad de en torno a un millón de hogares. Europa tiene algunos de los precios industriales de electricidad más altos entre los grandes mercados de centros de datos, y este recurso supone aproximadamente el 40% de sus costes operativos.
“La energía se ha convertido en el factor limitante de los centros de datos de IA. Actualmente no basta con tener demanda y capital, hay que disponer de potencia y de conexión a la red a tiempo. En Iberia tenemos condiciones atractivas, como la generación renovable y una posición geográfica estratégica, pero solo se traducirán en inversión si la red y los permisos llegan al ritmo que exige el mercado”, señala Pedro Galhardas, senior partner de Roland Berger en Iberia.
El tercer obstáculo es la complejidad regulatoria, que abarca desde la protección de datos y la ciberseguridad hasta los permisos urbanísticos y ambientales, y que los participantes en la encuesta sitúan entre las principales barreras para ampliar la capacidad en Europa.
El informe subraya que el desarrollo más lento y los requisitos locales más complejos de Europa también abren puntos de entrada para especialistas en infraestructuras, contratistas de ingeniería y construcción y proveedores con presencia local. Unas condiciones para las que están peor preparados los operadores centrados en Estados Unidos.
El análisis de Roland Berger considera que las iniciativas políticas para ampliar la infraestructura digital son un paso importante hacia una mayor independencia europea, pero insiste en que no es suficiente. Los centros de datos ubicados en Europa permiten procesar información sensible y desplegar aplicaciones de IA bajo jurisdicción europea, y son la base de un ecosistema de IA competitivo. Sin capacidad de cómputo suficiente, Europa corre el riesgo de perder parte del crecimiento económico vinculado a esta tecnología y de aumentar su dependencia de proveedores externos.
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